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lunes, 13 de septiembre de 2010

jueves, 26 de agosto de 2010

Editorial

Ciclos vitales en la educación


Por: Vicente Velásquez Guzmán

Presidente Asociación Ecuatoriana de Editores de Libros de Texto


Regresar al espacio en donde nos realizamos y en donde sentimos que nuestro aporte es, además de importante, trascendental, siempre será un motivo de regocijo.

No de otra forma podemos reiniciar un trabajo que, con toda seguridad, es el más humano y por ello más importante de toda nuestra sociedad, la docencia.

Y es que ser maestro o maestra significa, entre otras cosas, la posibilidad de crecer siempre dentro de un marco de sorpresas que significa conocer un nuevo grupo de niños y niñas, ávidos de aprender.


Ser maestro o maestra significa estar en un constante proceso de renovación, puesto que la profesión permite, más que en ninguna otra, iniciar y completar ciclos que, de ninguna manera son repetitivos sino vitales, ciclos que nos permiten año tras año, la oportunidad de hacer mejor y de perfeccionar procesos o estrategias que devengan en estudiantes mucho más críticos, propositivos y con un orgulloso y saludable sentido de pertenencia hacia su familia, su comunidad y por su puesto su país.

Es por todo esto que, los ecuatorianos y ecuatorianas, en especial quienes trabajamos por hacer de nuestra educación el medio para conseguir una sociedad más justa y desarrollada, mostramos nuestra satisfacción por ver que nuestros niños y niñas tienen mayores oportunidades de formar parte de un sistema educativo que mejora día tras día con el esfuerzo y trabajo responsable de todos.

En tal sentido, a nombre de la Asociación Ecuatoriana de Editores de Libros de Texto, quiero renovar el compromiso con el sector educativo de nuestro país, con sus autoridades y su empeño creativo, con los docentes y sus dinámicas ganas de superación, con los padres y madres de familia y su preocupación por una educación de calidad, y finalmente con la niñez ecuatoriana, cuya sabiduría, repleta de sencillez y energía, nos enseña cómo podemos hacer un gran bien a nuestro país al margen de las disputas y desacuerdos que no conducen a nada.


Por nuestra parte, lo mismo que todos los actores del sistema educativo, ofrecemos nuestro mejor contingente, profesionales comprometidos a fortalecer el sistema educativo a través de herramientas de calidad que permitan a los y las docentes viabilizar su creatividad y al estudiantado apropiarse de conocimientos y competencias que les ayuden a desenvolverse en el mundo.


Las expectativas alrededor de este nuevo ciclo son inmensas, y como vemos, el trabajo no es poco, pero estamos seguros que mientras caminemos juntos y estemos dispuestos a aprender todo lo que puede darnos esa sabiduría de nuestros niños y niñas, la dirección no será equivocada, pues habremos descubierto aquello que nuestros hijos e hijas descubrieron hace mucho tiempo en sus juegos: que el desarrollo no consiste en mirarnos los unos a los otros sino en mirar juntos en la misma dirección.


Dándonos esta oportunidad, no solo en este, sino en cada año que inicie, tendremos la convicción de que ese año será memorable y el deseo de que el próximo sea aún mejor.

Sean pues, bienvenidos todos y todas a trabajar por el Ecuador que queremos.

Nuevas tendencias en la evaluación

Por:Msc. Kathia Ivonne Reyes Vega
Grupo Editorial Santillana

La evaluación demanda la visión del estudiante en su integridad y en su contexto.

En la actualidad, la evaluación como proceso se encuentra en el centro del debate en todas las instituciones educativas, que se esfuerzan por mejorar la calidad en el aprendizaje para integrarse a los procesos de globalización del mundo actual, desde su propia realidad.

La evaluación es un proceso formalizado, intencional y multifacético, cuyo objetivo es valorar el aprendizaje y sus resultados. Su práctica en el aula aún suele ser precaria debido a la identificación de la evaluación con la calificación, entendida como el acto de otorgar una nota.

Debido a que evaluamos lo que enseñamos, hoy en día es urgente un cambio paradigmático —en el sentido de lo que enseñamos—, sintonizado con los cambios en las teorías del conocimiento.

El proceso de evaluación se sustenta en concepciones sobre el aprendizaje y los ideales de formación, que se expresan en criterios que se aplican a los estudiantes y de los cuales se derivan los momentos, instrumentos, procedimientos, e indicadores que se utilizan para evaluar. Si un maestro o maestra ha comprendido la importancia de ejercitar operaciones cognitivas en el aula, esto será lo que, más tarde, podrá evaluar.

Las tendencias pedagógicas contemporáneas sobre educación toman en cuenta, al momento de evaluar, el desarrollo personal y social del estudiante, el carácter comunicativo de la educación, entre otros aspectos.


En la actualidad, la inclusión de las tecnologías de la informática y la comunicación en el ámbito educativo nos proporciona varios recursos e instrumentos objetivos y motivadores para evaluar. También ha tomado gran relevancia el trabajo orientado a la sensibilización y toma de conciencia de los implicados en el proceso educativo. Esto brinda la posibilidad de considerar al proceso de evaluación como una posibilidad de mejorar y retroalimentarse de forma continua; por esta razón, la conjunción de métodos cualitativos y cuantitativos es necesaria al momento de evaluar.


Los progresos en la diversificación de herramientas para evaluar, permiten tener a nuestra disposición herramientas renovadoras y creativas que toman en cuenta las inteligencias múltiples y permiten al estudiante demostrar, de diversas formas, que comprende lo que ha aprendido, y que puede transferir sus aprendizajes en la resolución o planteamiento de problemas en su vida cotidiana.


Las nuevas tendencias en evaluación consideran su función formativa como una parte del proceso de desarrollo, que proporciona información continua para planificar y establecer cambios en las estrategias metodológicas aplicadas en el aula, con el fin de mejorar el proceso de aprendizaje.

Asimismo, estas tendencias plantean una relación educativa democrática, que permita la participación comprometida de todos los implicados en el proceso de aprendizaje y en la toma de decisiones. El éxito de la evaluación dependerá del vínculo establecido entre el evaluador y el evaluado.

La evaluación holística o globalizadora demanda la visión del estudiante en su integridad y en su contexto. Esta tendencia surge como alternativa a la evaluación tradicional, sumativa y enfocada en contenidos únicamente cognitivos, con la finalidad de ampliar su margen de acción e integrar los aspectos procedimentales y actitudinales necesarios, para lograr una representación del ser humano en todos sus aspectos.

Bajo esta perspectiva, los procesos evaluativos continuos permiten reforzar el deber moral y el compromiso por desarrollar una superación permanente y una práctica docente de calidad.


Para profundizar

La red ofrece una variedad de artículos académicos acerca del tema de evaluación, sin embargo, por las características propias de este tema es mejor acceder a aquellas publicaciones que están indexadas y validadas, a continuación ofrecemos algunos links que, sin duda, serán un apoyo en nuestra labor diaria:


En evaluación

http://www.um.es/depmide/RIE/completa/documentos/24-1/24_1_art9.pdf

http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2602495

http://www.um.es/depmide/RIE/completa/documentos/24-1/24_1_art9.pdf

http://www.biosalud.saber.ula.ve/db/ssaber/Edocs/pubelectronicas/TeoriaydidacticaCS/revista3_98/bol3_angel_antunez.pdf


En matemática

http://www.neurologia.com/pdf/Web/40S1/sS1S097.pdf


En lenguaje

http://revistas.ucm.es/edu/11300531/articulos/DIDA9898110289A.PDF

http://www.utp.edu.co/~chumanas/revistas/revistas/rev23/alzate.htm


Educación inicial

http://aufop.com/aufop/uploaded_files/articulos/1224230368.pdf



El espejo de la evaluación del docente

Por: Dr.César Ron

Editorial Prolipa

Daenyel manifiesta: “Hoy decido evaluarme como maestro. Creo que es una buena oportunidad para mejorar como profesional y hacer un trabajo excelente o más realizador cada día”.


Considero éste, un buen momento para reflexionar sobre la cultura de la evaluación a nuestras labores educativas. La reflexión y el análisis de la práctica docente tiene en la autoevaluación, una de las opciones más valiosas y enriquecedoras que involucra al propio actor del proceso, quien mejor que nadie, conoce lo que sucede con su gestión docente y administrativa; además, dispone de elementos de juicio para identificar cualidades y señalar aspectos que convengan mejorar con una actitud objetiva de lo que se requiere para producir dichos cambios.


Aunque muchas veces la autoevaluación responde a los intereses del evaluador, no es menos cierto que el criterio ético prima sobre la justificación cuando existe la cultura de la evaluación. La autocrítica genera hábitos enriquecedores de reflexión que demandan compromiso en los docentes, quienes se identifican con la madurez de los procesos aplicados y agregan un elevado grado de compromiso y cumplimiento de su misión y visión profesional.


Uno de los problemas que actualmente enfrenta el mejoramiento de la calidad de la educación es, justamente, la escasa cultura de la evaluación en las instituciones que integran el Sistema Educativo Nacional. Entre las causas que originan esta carencia podemos mencionar la insuficiente información, difusión, sensibilización, capacitación y formación, tanto de los actores directamente vinculados en los procesos de evaluación de la calidad y acreditación institucional, como de los actores de control externos.


Las instituciones educativas, por su parte, deben implementar procesos de auto y coevaluación permanentes, con orientaciones precisas para mejorar las actividades docentes sin imprimir el temor a la “tacha”, más bien y por el contrario, se ha de mantener un clima en el cual se traten las deficiencias sobre la base de la relación humana y la acción efectiva. En este aspecto juega un papel importante el liderazgo de las autoridades y/o los encargados de la parte docente, quienes con su gestión serán los generadores de nuevas experiencias que permitan aplicar efectivamente el proceso de rendición de cuentas que transforma la calidad de la educación.


Ahora bien, la autoevaluación del docente puede empezar por contestar sinceramente las siguientes preguntas:


  • ¿Hago interesante mi clase?
  • ¿Aplico nuevas metodologías de aprendizaje?
  • ¿Hago que mis estudiantes piensen y razonen en los procesos de aprendizaje?
  • ¿Trato con respeto a mis estudiantes y a sus representantes?
  • ¿Las evaluaciones que realizo son justas e imparciales y responden a los objetivos propuestos?
  • ¿Busco que los aprendizajes tengan siempre una aplicación práctica y se relacionen con otras disciplinas de estudio?
  • ¿Cumplo con mi tarea educativa, entregando a tiempo todas mis obligaciones docentes?
  • ¿Expreso los aprendizajes en forma lógica y ordenada?
  • ¿Manifiesta mi comportamiento el aprecio que debo a la institución, autoridades y compañeros de trabajo?
  • ¿Me actualizo permanentemente en cursos, talleres y seminarios?
  • ¿Cuido de mi presencia personal y de la disposición que manifiesto al trabajo?
  • ¿Manejo con acierto las dificultades de aprendizaje?
  • ¿Muestro una actitud favorable en el trabajo con mis compañeros?
  • ¿Siempre estoy dispuesto a respaldar las decisiones de mis autoridades?

En definitiva, considero que es preferible la práctica constante de la autoevaluación antes que someterse a procesos de control externo que generan miedos, inquietudes y resistencias.